-Capitulo 11-
La reunión fue todo un "success" como diría John. Yo sentía su energía acercándose a mí. Sabía que el venia a verme pero no era solo a mí. Usualmente su energía era enfocada en mí, en pensarme. Pero ese día no. Ese día su energía estaba derivada a algo que le estaba creciendo en su alma. Era un sentimiento que me empezaba a perturbar. Yo quería ser todo lo que él le pasaba por la mente, así es como funciona lo que hago. El debe de estar enfatuado por mi presencia, por venir a sonar conmigo, y esta vez no era así.
- Mama que haces? Otra vez tratando de leer los pasos de las personas?- dice Lana.
- Hija tú no sabes de que hablas, mejor ve a hacer tu tarea y quédate en tu cuarto. Tengo una sesión en unas cuantas horas y no quiero que me interrumpas. - Le respondí a Lana.
- Este bien. Pero hoy es un día hermoso.- Responde Lana
Ella pensó que yo no sabía de su visita clandestina a John. Lo que no me había dado cuenta era de que al parecer ella, mi propia hija, le estaba creando este nuevo sentimiento. Algo que no me convenía nada a mí. Por qué? Necesito de la Energía de una persona como John, cansado de la vida que me llene la mía.
Al pasar de las horas y en medio de la lluvia llego el carro azul destartalado de John. Esta vez no venia solo, no traía con el su habitual tristeza, estaba acompañado de una luz maldita. Por lo menos para mí. Ahí pensé que lo mejor sería no abrir la puerta. Pero las ansias que él tiene las tengo yo también. Porque él me da vida al igual que yo se la doy a él.
La puerta.
No deja de tocar.
Sera mejor que le abra la puerta.
- Hola Amelia, necesito...
En ese momento paso lo que tenía que pasar. Le vi la mirada como se le perdía en el espacio al gringo. No era necesariamente en el espacio. Era hacia las escaleras de madera que dirigían hacia los cuartos de la casa. Volteé la mirada y vi a Lana en las escaleras, vi como se le crecía esa pequeña energía a John con solo una mirada. Un mirada sumamente intensa, es mas en los diez segundos que duramos en absoluto silencio, la respiración de ambos era más fuerte, las pupilas de los ojos agigantadas. Era una pesadilla total. Estaba pasando lo peor que podía pasar. Los celos que me daba. Mi propia hija.
Pero su tristeza seguía siendo la que estaba comandando su corazón y yo me iba asegurar que esto siguiera siendo de este modo. Así mi hija terminase siendo mi mayor enemiga.
La reunión fue todo un "success" como diría John. Yo sentía su energía acercándose a mí. Sabía que el venia a verme pero no era solo a mí. Usualmente su energía era enfocada en mí, en pensarme. Pero ese día no. Ese día su energía estaba derivada a algo que le estaba creciendo en su alma. Era un sentimiento que me empezaba a perturbar. Yo quería ser todo lo que él le pasaba por la mente, así es como funciona lo que hago. El debe de estar enfatuado por mi presencia, por venir a sonar conmigo, y esta vez no era así.
- Mama que haces? Otra vez tratando de leer los pasos de las personas?- dice Lana.
- Hija tú no sabes de que hablas, mejor ve a hacer tu tarea y quédate en tu cuarto. Tengo una sesión en unas cuantas horas y no quiero que me interrumpas. - Le respondí a Lana.
- Este bien. Pero hoy es un día hermoso.- Responde Lana
Ella pensó que yo no sabía de su visita clandestina a John. Lo que no me había dado cuenta era de que al parecer ella, mi propia hija, le estaba creando este nuevo sentimiento. Algo que no me convenía nada a mí. Por qué? Necesito de la Energía de una persona como John, cansado de la vida que me llene la mía.
Al pasar de las horas y en medio de la lluvia llego el carro azul destartalado de John. Esta vez no venia solo, no traía con el su habitual tristeza, estaba acompañado de una luz maldita. Por lo menos para mí. Ahí pensé que lo mejor sería no abrir la puerta. Pero las ansias que él tiene las tengo yo también. Porque él me da vida al igual que yo se la doy a él.
La puerta.
No deja de tocar.
Sera mejor que le abra la puerta.
- Hola Amelia, necesito...
En ese momento paso lo que tenía que pasar. Le vi la mirada como se le perdía en el espacio al gringo. No era necesariamente en el espacio. Era hacia las escaleras de madera que dirigían hacia los cuartos de la casa. Volteé la mirada y vi a Lana en las escaleras, vi como se le crecía esa pequeña energía a John con solo una mirada. Un mirada sumamente intensa, es mas en los diez segundos que duramos en absoluto silencio, la respiración de ambos era más fuerte, las pupilas de los ojos agigantadas. Era una pesadilla total. Estaba pasando lo peor que podía pasar. Los celos que me daba. Mi propia hija.
Pero su tristeza seguía siendo la que estaba comandando su corazón y yo me iba asegurar que esto siguiera siendo de este modo. Así mi hija terminase siendo mi mayor enemiga.