-Capitulo 8-
El golpe fue severo y directo adonde era necesario que fuese. El en el piso y ella temblando del miedo, porque no sabía si lo había matado o no. Ella no sabía si acercarse o si dejarlo tirado y salir corriendo. Estaba en un estado de shock y hasta que le toco respirar fue que reacciono.
-John?
-Por favor respira, dime que estás vivo, dime que no te mate de un golpe... bueno, de varios golpes. Perdóname, estaba frustrada y no sabía qué hacer, porque me preocupas pero me preocupa más mi mama. - agrego Lana.
Pero el seguía en el suelo sin hacer un movimiento. Ahí, ella pensó que debilucho era él, que con unos cuantos puñitos, lo dejo en el piso, pero al mismo tiempo, con la adrenalina en su cuerpo ella no supo controlar su fuerza. También pensó que era tierno y valiente al haberla dejado golpearlo, con esto aceptando que él estaba equivocado y dejándola salir de su frustración. Así que después de pensar todo esto, Lana se le acerco. Coloco la cabeza del en sus piernas y con una toalla mojada le empezó a sobar la cabeza.
- la verdad creo que estás loco, gringo loco, pero no quiero que te mueras así que por favor despierta.
Al pasar de unos minutos ella empezó a sentir el respirar de John un poco más fuerte, y más fuerte ella lo abrazo.
- Lana no me dejas respirar de lo fuerte que me estas abrazando, pensé que me odiabas pero veo que te caigo mejor de lo que pensaba. -Le dijo John con una pequeña sonrisa.
- Eres un mal agradecido, pero gracias por estar vivo por qué no quería cargar con un muerto, en especial gringo!!- Agrego Lana.
En ese momento como un resorte, ella se levanto, dándose cuenta lo cerca que estaba de cometer un error.
- Hazme un favor, si piensas volver adonde mi mama, trata de pensar en otras cosas mientras que estás en tu mundito, no vaya a ser que me toque venir otra vez a darte un par de cachetaditas y quedes en el suelo.
Así sin decir más Lana se iba dejándole un recado a John. El recado no fue que no volviera adonde su mama, pero que volviera y no solo a intentar cambiar su obsesión por algo más positivo, pero porque ella lo quería volver a ver. Él lo entendió así, y así mismo se quedo en el suelo con su toalla mojada sobre su cabeza. Así iba a dormir y soñar en lo que había sucedido. El volvió a sentir algo en su corazón, fue pequeño pero ahí estaba y no era por un invento de su mente o algo sexual. Era un sentimiento de gratitud y de felicidad hacia una mujer. No una hermana, mama, prima o tía. Una mujer que podía ser algo mas para él. Algo especial.
El siguiente día John se levanto para ir a la oficina. Había dormido mal ya que el piso había sido su compañero en la noche y el pecho lo tenía ardiendo. Ardiendo de dolor gracias a las "cachetaditas" cariñosas de Lana pero el había aprendido de esta situación. Aparte la vista del Malecón era espectacular. El océano brillaba con el sol y el azul de sus olas era hipnotizante. El olor a sal que entraba por el balcón le acordaba de sus días trabajando por Cartagena, fuente de su obsesión. Pero así es la vida, después de un día tormentoso, entraba la cama de mar, demostrando que todo iba a estar bien y en su mente, el sabía que algún día superaría esto que le pasaba y algún día, esa luz que Lana ilumino apunta de golpes, iba a resplandecer como el sol en el Malecón.
-John?
-Por favor respira, dime que estás vivo, dime que no te mate de un golpe... bueno, de varios golpes. Perdóname, estaba frustrada y no sabía qué hacer, porque me preocupas pero me preocupa más mi mama. - agrego Lana.
Pero el seguía en el suelo sin hacer un movimiento. Ahí, ella pensó que debilucho era él, que con unos cuantos puñitos, lo dejo en el piso, pero al mismo tiempo, con la adrenalina en su cuerpo ella no supo controlar su fuerza. También pensó que era tierno y valiente al haberla dejado golpearlo, con esto aceptando que él estaba equivocado y dejándola salir de su frustración. Así que después de pensar todo esto, Lana se le acerco. Coloco la cabeza del en sus piernas y con una toalla mojada le empezó a sobar la cabeza.
- la verdad creo que estás loco, gringo loco, pero no quiero que te mueras así que por favor despierta.
Al pasar de unos minutos ella empezó a sentir el respirar de John un poco más fuerte, y más fuerte ella lo abrazo.
- Lana no me dejas respirar de lo fuerte que me estas abrazando, pensé que me odiabas pero veo que te caigo mejor de lo que pensaba. -Le dijo John con una pequeña sonrisa.
- Eres un mal agradecido, pero gracias por estar vivo por qué no quería cargar con un muerto, en especial gringo!!- Agrego Lana.
En ese momento como un resorte, ella se levanto, dándose cuenta lo cerca que estaba de cometer un error.
- Hazme un favor, si piensas volver adonde mi mama, trata de pensar en otras cosas mientras que estás en tu mundito, no vaya a ser que me toque venir otra vez a darte un par de cachetaditas y quedes en el suelo.
Así sin decir más Lana se iba dejándole un recado a John. El recado no fue que no volviera adonde su mama, pero que volviera y no solo a intentar cambiar su obsesión por algo más positivo, pero porque ella lo quería volver a ver. Él lo entendió así, y así mismo se quedo en el suelo con su toalla mojada sobre su cabeza. Así iba a dormir y soñar en lo que había sucedido. El volvió a sentir algo en su corazón, fue pequeño pero ahí estaba y no era por un invento de su mente o algo sexual. Era un sentimiento de gratitud y de felicidad hacia una mujer. No una hermana, mama, prima o tía. Una mujer que podía ser algo mas para él. Algo especial.
El siguiente día John se levanto para ir a la oficina. Había dormido mal ya que el piso había sido su compañero en la noche y el pecho lo tenía ardiendo. Ardiendo de dolor gracias a las "cachetaditas" cariñosas de Lana pero el había aprendido de esta situación. Aparte la vista del Malecón era espectacular. El océano brillaba con el sol y el azul de sus olas era hipnotizante. El olor a sal que entraba por el balcón le acordaba de sus días trabajando por Cartagena, fuente de su obsesión. Pero así es la vida, después de un día tormentoso, entraba la cama de mar, demostrando que todo iba a estar bien y en su mente, el sabía que algún día superaría esto que le pasaba y algún día, esa luz que Lana ilumino apunta de golpes, iba a resplandecer como el sol en el Malecón.